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Lo que realmente queremos decir cuando….

Lo que realmente queremos decir cuando….

El complicado lenguaje de la moda

Text: corrector


Imagen: Instagram

En la industria de la moda nos encantan los eufemismos. Nos gusta mucho aderezar los hechos o de plano, disfrazarlos completamente. Parece que hablar directamente y diciendo la verdad es algo que no es muy “chic” ni práctico tampoco, porque decir lo que pensamos en muchos casos podría significar la crucifixión social. De modo que en la publicidad, el periodismo, las redes sociales y en las mismas boutiques a veces jugamos, sin quererlo, a los acertijos.

 

 ¿Qué les parece si abundamos en diez de esos términos, declaraciones o situaciones del mundo de la moda con un significado oculto? Vamos.

 

1.-“Es una colección muy femenina”.

 

Esta frase aparece en infinidad de revistas y periódicos cuando alguien habla de un desfile o una colección. ¿Qué quiere decir? Que el periodista es bruto y se fue directamente al lugar común o bien que es muy listo y al no tener nada bueno que decir de la ropa, simplemente dijo que era “femenina”. A ver, si es de mujer, ya es femenina, ¿no? Claro, a menos que estemos hablando de Gucci que hoy también hace colecciones masculinas… muy femeninas.

Lo que realmente queremos decir cuando…. (фото 1)

 

2.-“Tengo un carácter muy fuerte”.

 

 Si una persona con la que trabajas te “advierte” esto, cuidado. Y no porque tenga carácter fuerte, sino porque se trata de alguien inseguro e inmaduro. Gritar, hacerla de pedo, crear conflictos y hacer menos a alguien no habla de alguien con personalidad, sino de alguien que tiene que recurrir a todo esto para hacerse notar. Una persona con carácter es aquella que escucha, negocia, concede y es firme. De modo que si te dicen esto, huye lejos. Y si es tu jefe… pues no sabes cuanto lo siento.

 

3.-“El tallaje viene muy reducido”.

 

Entras a una tienda, te gusta una prenda, la llevas al probador y te queda embutida. Llamas a la dependienta. “¿Tendrá una talla más?” preguntas con desgano. Ella al ver tu cara, responderá: “Sí, se la traigo. Es que esta colección vino muy reducida”. Y tú respiras con tranquilidad ahora que la culpa de que no te quede la ropa, es del cabrón del diseñador que la hizo más chiquita. Pero tanto la vendedora, el diseñador y tú saben perfecto que los jeans no te cierran porque has engordado. Así de simple. ¿Ves como tememos decir la verdad?

Lo que realmente queremos decir cuando…. (фото 2)

 

4.-“No me llegó la invitación”.

 

 La fiestorra del año. Desfile, glamour, champagne y muchas niñas solas pero ninguna sola. A tu lado en el registro está una chica montando un irigote porque no está en la lista. “¡Es que no puede ser!” si me invitó Pepito y Juanita. Y la pobre niña de la recepción mira con cara de miedo a la chica que lleva maquillaje como de dos pulgadas de grosor. Y no, la recepcionista no sabe quien es Pepito y mucho menos Juanita. El anfitrión se acerca, le pide su invitación y ella, claro, dice que no le llegó. “Seguro me la robaron” dice indignada. Al final, terminan dejándola entrar para que no siga escandalizando. Habráse visto: no le mandan invitación y encima no la tienen en la lista. Parecería que esa gentuza de organizadores no la querían en su fiesta. Menudos maleducados.

 

5.-¿Cuándo sale publicado?

 

La frase que más detestamos los editores es que nos hable la becaria en turno de la agencia menganita de comunicación y relaciones públicas y nos pregunte cuando publicaremos la nota un evento o un boletín. Y para adornar más el pastel, no solo nos pide la fecha, sino que le mandemos tres ejemplares. Yo aún me estoy riendo de la última a la que le colgué el teléfono por pedirme eso. ¿Qué es lo que quiere decir la agencia con esto? Pues bien: tu revista no me interesa más que cuando me publicas y además, no pienso gastar en revistas: que quiero que me las mandes tu.

 

6.-¿Cuánto cuesta esa carterita?

 

 Vas a una tienda, te pones a curiosear. El vendedor te mira como si fueras el chicle que se le pegó en el zapato. Te acercas a una vitrina, ves una carterita que te gusta y preguntas el precio. El fulano te dice: “Pues está entre 4 y 5 mil pesos más o menos”. Y ni la saca para enseñártela. Lo que te quiere decir es: “Eres un pobretón que no puede pagar la carterita… ¡Ah! y no me hagas perder el tiempo que estaba muy a gusto chateando”. Y encima das las gracias y te vas. Y quien tendría que irse es él, pero a dedicarse a otra cosa, porque de “customer service” no tiene ni la más puñetera idea.

 

 7.-Este perfume es muy dulce, ¿no?

 

Yo le pregunté a una amiga que me describiera que era para ella un perfume dulce… y pues no pudo. ¿Será porque no existe tal cosa? Los dulces huelen al olor que les ponen, el del saborizante. Los bombones huelen a vainilla, el chocolate a chocolate. Entonces, ¿quien demonios inventó esto de un perfume dulce? Creo que las vendedoras que no tienen mucha idea de las fragancias que venden usan este concepto para salir del trance de explicar las notas aromáticas de una fragancia. Es como “supercalifragilisticoespialidoso”. Es una distracción. Un perfume puede ser floral, especiado, afrutado, amaderado… y quizá en ocasiones algunas notas como la miel o la vainilla puedan darle ese toque goloso. ¿Pero un perfume dulce? Igual me voy a hacer un martini con Chanel no. 5 para averiguarlo.

Lo que realmente queremos decir cuando…. (фото 3)

 

 8.-Me, myself and I.

 

Hay un chico monísimo en Instagram -cuyo nombre me reservo por pudor- que dice que es publirelacionista. Y en su perfil solo hay fotos de él en la playa, en traje de baño, tomando el sol y de sus tenis de Fendi. Entonces, yo me pregunto: ¿Publirelacionista de…? quizá de sí mismo. Y si, hay muchos así, que en los eventos encierran a su cliente en el baño a la hora de la foto para salir ellos en primera plana. Señores de las marcas: si el PR que van a contratar abusa en su lenguaje de los pronombres posesivos (les presento la marca, bienvenidos a nuestro evento, gracias a mi equipo, estoy feliz de tenerlos aquí) huyan de él o ella como la peste. No solo hará un pésimo trabajo, sino que usará su marca para promoverse a si mismo.

 

9.- Pretextos quiere la muerte.

 

Si un periodista, blogger, influencer o VIP llama a una marca para pedir una invitación a una fiesta, un desfile o ropa para hacer editorial y las respuestas son las siguientes:

 

-Es que es un lugar muy chiquito y ya no tengo espacio.

 -Es que este año nos redujeron las invitaciones al desfile.

 -Déjame ver y yo te aviso (y se pasa el evento y nunca te avisaron)

 -Tengo toda la ropa prestada.

 

…es que tu, tu medio y lo que publicas les importa un pepino. Así que “move on” y véte con tu música a otra parte.

 

10.- Las apariencias engañan… a los imbéciles.

 

 Es la verdad…. y estuve a punto de poner otra palabra. Y aquí, vamos duro y directo con la redes sociales y sus habitantes. Yo he hecho un experimento: seguir a un par de personas y ver como se van moviendo sus redes. Y se ve de todo. Están los que incrementan sus seguidores de mil en mil. Están los que siempre tienen comentarios de las mismas personas y que siempre son igual de impersonales. Están los que suben fotos de ropa, zapatos o bolsas y le cortan la cabeza a los modelos para hacer creer que son ellos… y que las prendas son suyas. Están los que van a los “fashion weeks” y solo se retratan… afuera de los desfiles. Están, por otra parte, los que se roban fotos o videos de otros bloggers o medios electrónicos y los publican como suyos, dando a entender que están en Paris o Milán cuando en su post anterior se estaban tomando un Starbucks en la colonia Roma. A ver, señoras y señores, ¿A quién quieren engañar? Trabájenselo un poquito más, ¿no? Y para el público en general, no se dejen engatuzar: si nada  en el agua y hace “cuac”, es un pato.

Pues si, así somos en este negocio: siempre con “hidden agenda”. Y supongo que pasa también en otras industrias y quizá lo único que nos diferencia de ellos es que tenemos más bonitos “outfits”.

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