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El brillo de tus ojos…

El brillo de tus ojos…

El poder detrás del par perfecto de gafas de sol


Y sí: dicen que son el espejo del alma, pero también lo son de la moda. Ver y ser visto. Las gafas de sol han sido desde hace décadas un elemento de coolness muy importante; tanto, que a veces se nos olvida que en realidad son para proteger nuestros ojos del sol. Ya en serio, ¿quién las compra para eso?

Las gafas negras de la Hepburn en Breakfast at Tiffany's (1961), las de Woody Allen, Anna Wintour, Karl Lagerfeld o Sarah Jessica Parker en Sex and the City The Movie (2008) se han convertido en símbolos de lo chic, de glamour... De misterio. A veces ocultan unos ojos sin maquillar, otras veces una mirada de "Oh, dear God...".

El brillo de tus ojos… (фото 1)

Y ya que mencioné las gafas de la Parker, debo decir que desde que las vi, me enamoré perdidamente de ellas. Yo juraba que eran vintage: las mismas de Fendi que usó Lenny Kravitz en el video de Again. Pero no, eran de la Mykita Haus. Recordé que años atrás me había comprado en París unas gafas de esta marca y que por su ligereza, cristales de altísima calidad y diseño súper extravagante, me habían costado una dineral, pero lo pagué con gusto porque los lentes eran, y siguen siendo, una pieza espectacular. Pero claro, ahora necesitaba las de la Parker.

Conocí su tienda en Saint German, en París, y me quedé alucinando en colores. Sí. Antes de que todo el mundo sacara los lentes espejeados (en esta era digo, no en los 80), Mikita ya los tenía y en todos los colores. Pero yo quería los de la Parker y no me fui de ahí sin ellos. Y desde entonces, todas las gafas que hacía esta firma comenzaron a intrigarme, especialmente las colaboraciones con diseñadores, y de cuando en cuando algunas caían en mi colección, siendo mis consentidas el modelo Cousteau que diseñó Bernhard Willhelm y que estaba inspirado en un visor de buzo. Y me valía un pepino que la gente me viera como si fuera Gaga... Antes de Gaga. Luego, en Mexico's Next Top Model tuve la oportunidad de ponerme varias y mi fascinación por ellas creció hasta que ahora se ha desbordado por completo con las Diamond Eyes.

El brillo de tus ojos… (фото 2)

En el desfile de esta temporada de Maison Martin Margiela, unas gafas que en lugar de cristales parecían tener unos diamantes gigantes me chiflaron. Y aunque no eran de cristal y las micas no eran diamantes, igual me parecieron alucinantes y me puse a averiguar sobre ellas. Resulta que esta es la primera colaboración de Margiela para Mykita en la que interviene John Galliano y claro, su maestría se muestra detrás del diseño. Y me encanta que, superando el escándalo pasado, el hombre esté volviendo con paso lento pero firme a recuperar su lugar en la moda porque, prejuicios aparte, es una de las mentes más brillantes de esta industria. Y su idea para crear estas gafas nace de la curiosidad de cómo sería ver el mundo a través de un diamante. Cool, ¿no? La idea me encantó porque en un momento en que el mundo lo ve todo negro, la idea de verlo a través del brillo de un diamante me parece esperanzador.

Me puse a la caza de ellas y finalmente lograron caer en mis manos... O más bien en mi cara. Las varillas no se doblan y las gafas en su totalidad son muy ligeras. ¿Y saben qué? Cuando uno anda en un momento introspectivo en su vida (yo llevo ya rato con uno) de pronto parece que encuentras mensajes en las cosas más nimias, y estas gafas me hicieron reflexionar en algo: mirando hacia el frente es más fácil ver las cosas claras, no hay que distraerse con la confusión que te rodea, porque te hará alejarte de tu objetivo. Cuando eres firme, como las varillas, y no te doblan las broncas es más fácil ir al siguiente pasaje de  tu vida sintiéndote más ligero.

El brillo de tus ojos… (фото 3)

Y no, no me fumé nada, en serio. Pero ahora, curiosamente, encuentro mensajes y señales en muchas cosas que, como las galletas de la suerte china, a veces me dicen cosas que responden a mis preguntas. Y pueden pensar que mi visión a través de las gafas es algo que me saqué del trasero, pura filosofía barata. Y está bien, no me crean. Pero lo que si tienen que admitir es que son una obra de arte y ¿adivinen que? Son mías...

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