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EMILY IN PARIS Y LO QUE SU ESTILISMO PROMETE

EMILY IN PARIS Y LO QUE SU ESTILISMO PROMETE

Text: Editores Buro 24/7


Suele pasar, que el cine y la moda van de la mano y que algunas producciones se vuelvan icónicas, dignas de admiración y también de imitación. Sucedió con Sex and the City, en los 90, donde el personaje de Carrie, interpretado por Sarah Jessica Parker, se convirtió en la epítome de la vanguardia y distinción. O con The Devil Wears Prada, con Meryl Streep y Anne Hathaway, filme que mostró cuán despiadada podía ser la industria de la moda, a la vez que exhibía un derroche de elegancia y equipos soñados. 

La última serie en dictar algunos statement de moda fue The Morning Show, con Jennifer Aniston, cuyos equipos en tonos neutro y líneas simples reactualizó el concepto de indumentaria de oficina.

Ahora toca el turno de Emily in Paris, la nueva serie de de Netflix, la historia de una joven estadounidense que viaja la capital francesa y ahí ve cómo su vida y su trabajo dan un vuelco con la llegada del amor.

 

 

 

EL ESTILO DE EMILY

Emily es gerente de redes sociales de Chicago y llegó a París para llevar un marketing saludable a las estrellas para la agencia de comunicación Savoir, especializada en consultoría para marcas de lujo. Es interpretada por Lily Collins, quien desde el comienzo protagoniza una escena tragicómica, cuando el diseñador Pierre Cadault se escandaliza con su guardarropa. El culpable del espanto del estilista: un colgante con un corazón de felpa y la Torre Eiffel.

Por eso, se gana la calificación de "ringarde terrible", que se refiere a aquello que está pasado de moda.

En inglés, "ringarde" se traduce como perra básica. Atención: no refiere a una etiqueta sobre comportamientos sexuales, sino al tipo de preferencias estéticas en cuanto a moda, libros, música o hábitos culturales.

A ​​una "ringarde" le gusta todo lo ostentoso y llamativo, sin incurrir en lo vulgar, según sus críticos. Así, no es raro que los looks de alguien "ringarde" se sinteticen casi siempre en un desacierto. Como impresiones en la ropa, que digan "¡Me encanta la moda!", o un vestido de noche con cuerpo de escote corazón y falda de tul.

En la serie, la acusación a Emily de estar fuera de la moda aparece como categórica. En particular por parte de la muy mala Sylvie, gerente de Savoir, y quizás una suerte de personaje inspirado en Carine Roitfeld, legendaria ex editora de Vogue Paris y fundadora de la aclamada revista CR Fashion Book; siempre vestida de negro, máxima expresión de la elegancia francesa.

LA PROMESA DE EMILY

En la serie, Emily muestra conjuntos llenos de color y alegría, responsabilidad de Patricia Field, la misma diseñadora que creó los tutús de  Carrie Bradshaw. Y al igual que su actriz, que fue musa del kaiser de la moda, Karl Lagerfeld -la retrató en dos campañas (2014 y 2015) para la firma escocesa Barrie Knitwear, que adquirió Chanel en 2012-, parece destinada a ser quien de vuelta el tablero y recuerde la importancia de ser auténtico y no sucumbir a la mirada de los otros.

Porque lo que sin duda trae y traerá a la discusión Emily in Paris es cuán vigente están y seguirán estando los estigmas y clisés producidos a partir de las decisiones estéticas. Ahí se libra la batalla entre lo clásico y lo urbano, los viejos dictámenes y la nueva generación de estilistas y consumidores de moda que buscan nuevos formatos para que la creatividad los aleje de viejos preceptos.

En un mundo y una industria que cada vez más parece haber comprendido que ya resulta "old fashion" poner etiquetas y establecer escalas de valores a partir del gusto propio, la etnia o la identidad, la serie sin duda llegó para recordar que al fin y al cabo, el empaque que montemos o arrastremos por el mundo no será después de todo lo que determine nuestro éxito. Afortunadamente.

 

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